Diario del Encuentro CLM: Sábado 29 de agosto · Epílogo: el carisma encarnado

Lo prometido es deuda. Escribo estas últimas líneas a punto de volver a España, después de pasar una semana viviendo con la comunidad de religiosos marianistas del barrio de Palermo Sur, en Bogotá.

Después de la intensidad del Encuentro Internacional, esta ha sido una semana mucho más íntima, encarnada y social. Y me vuelvo con tres experiencias especialmente grabadas en el corazón.

La primera es comprobar que ese sentimiento de familia que vivimos durante el encuentro se hace realidad cuando compartimos la vida. Recuerdo especialmente un día en que volvía solo de misa. Entré en casa, no había nadie, salí al patio, cogí la guitarra y me puse a cantar. Y de repente pensé: me siento en casa. Esa sensación tan sencilla que tienes cuando estás con tu familia.

Pero pronto descubrí que aquella casa no era solamente mi casa ni la casa de los religiosos. Era la casa del barrio.

Y esa es la segunda imagen que me llevo: una presencia profundamente encarnada en la realidad de la gente. Una tarde llegué y encontré a una familia jugando al UNO en el pequeño salón de la entrada. Estaban esperando a que Jair, el párroco, pudiera confesarlos. Otra noche, después de cenar, llamó a la puerta un matrimonio que había perdido a su hijo. Nos sentamos juntos en el salón, compartimos su dolor e intentamos encontrar alguna palabra de consuelo y esperanza.

Y así continuamente. Por aquella casa pasan los grupos de jóvenes y de mayores, personas que necesitan hablar, vecinos y muchas otras personas que estamos de paso. Durante mi estancia han estado también Dani y Guille, dos voluntarios de Valencia y Conchita, de Acción Marianista, y después llegaron dos chilenas que habían participado en el encuentro.

Una casa abierta. Una casa de todos.

Y la tercera experiencia es el compromiso social. Durante la semana que he estado allí se han producido cuatro asesinatos en el barrio, muy cerca de la parroquia. Hay un repunte de la violencia relacionado con las bandas y la droga.

Y precisamente en medio de esa realidad, la parroquia y la fundación Chaminade siguen trabajando y apostando por construir Reino desde la educación y el acompañamiento: con cuatro aulas repartidas por el barrio, el comedor social y tantas otras actividades que intentan ofrecer oportunidades, esperanza y futuro.

Me vuelvo a España con la comunidad religiosa y el barrio en el corazón, y profundamente agradecido por haber podido contemplar nuestro carisma encarnado en una sociedad que lo necesita.

Y quizá esa sea también la pregunta con la que quiero terminar toda esta crónica.

Nuestra realidad en España y en nuestra Provincia de Zaragoza es diferente. Quizá no encontremos las mismas necesidades materiales ni esa violencia en nuestros barrios. Pero existen otras heridas: soledad, ansiedad, personas desorientadas, gente que necesita ser escuchada, acompañada, acogida y querida.

Igual que en Palermo Sur, nosotros estamos llamados a vivir y compartir nuestro carisma insertados en la sociedad que nos ha tocado vivir.

Así que termino con dos preguntas:

¿Cómo haces tú presente nuestro carisma en tu entorno?

¿Cómo compartes esa Iglesia del corazón, esa Iglesia madre que acoge, cuida y acompaña, con las personas que te rodean?

Aquí termina ahora sí esta crónica, a punto de coger el vuelo de regreso a España y con el corazón lleno de amor y agradecimiento.

Gracias a todos los que me habéis acompañado estos días leyendo y compartiendo estas experiencias.

Seguimos construyendo Reino. Seguimos diciendo sí. Y seguimos haciéndolo en familia. ❤️🙏